domingo, 30 de noviembre de 2008

El Juego y El Llorón





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Por Patricio Fernández.
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"Parece que todos los juegos terminan el llanto.

Lo saben los padres mientras ven a sus hijos en el clímax de la diversión, pero no los niños alborotados.

En tanto el juego esté funcionando, la solidez de los palos, la altura de los árboles, el filo de los vidrios rotos, la muerte, a fin de cuentas, no existe.

La realidad es una órbita lejana, hasta que se revela en forma de tragedia.

Los adultos le dicen a sus nenes : " ¡paren, que van a terminar mal !", pero ellos no pueden detenerse,
porque donde los padres adivinan el desastre, ellos están viendo una estrella....fugaz.

La historia política y las historias personales demuestran que esta compulsión por el juego no desaparece con los años, sino que se modifica.

Lo entienden FREUD y su patota.

Lo entiende Dostoievsky, Roy Hill -director de "El Golpe"-, y Arthur Penn, el de "Bonnie & Clyde".

La revolución,en más de un momento, ha sido el juego de las izquierdas.

Un juego lleno de pasiones, valores altruistas y esperanzas desproporcionadas, como las de un niño con la ilusión de llegar al cielo sobre un columpio.

La lluvia de dinero, la bolsa de comercio, la energía infinita del capitalismo, se han revelado por estos días como un juego que se acaba.

Pero no se puede vivir sin jugar.

Para algunos, los más descreídos, aunque no precisamente los más pesimistas, nada escapa a esta categoría.

Es, de agún modo, la fuerza del rock & roll : el compromiso con un presente inmediato y eléctrico, menos bucólico y aristocrático que el viejo carpe diem, aunque igualmente juguetón.

Está, claro, los que juegan minuto a minuto por falta de tiempo, y los que no ven ni adelante ni atrás por miopía, pero dejemos de lado a los rebaños, y concentrémonos en los que optan, o sea, en los que tienen algo que defender cuando se les pregunta : ¿ por qué haces lo que haces ?

Del lado opuesto existen los planificadores, los que desprecian la gratuidad de las acciones, los profundos, esos que juran ver más allá del resto y estar conectados con la verdad misma de la historia.

Ellos, para los nihilistas intrascendentes, juegan a la seriedad.

Aunque comen como los demás, no se ven comer.

Y aunque sus vecinos piensen como ellos comen, no los ven pensar.

Su jugada consiste en sobrevalorar la vulgaridad del mundo para no pagar peajes, vestidos de desinterés para que les den monedas, en vez de que se las pidan.

Se fingen profundos, porque hay demasiados jugadores en la superficie, y los aterra el riesgo de perder.

Es complejo el asunto, porque el sufrimiento no es juego.

El hambre tampoco.

Ni hablar de una madre a la que le mataron su hijo.

Nicanor Parra estaba admirado el otro día de que no supiéramos todos los chilenos que a don Andrés Bello se le hubieran muerto nueve de sus quince vástagos en vida.

Dicho de otro modo: participó de nueve entierros insoportables.

¿Habrá sido Bello, por esto, de los que no creen que la vida es juego, si todos los juegos terminan mal?

A algunos les tienta la opción del novelista : narrar lo que acontece, simplemente, con la fascinación del que participa escondido, detrás del árbol del paraíso, gozando del transcurrir; pero cuesta, porque aunque la historia narrada no sea nada sino otra historia y se sostenga que todas son la misma, saber que a ninguna le faltan lágrimas, habla a favor de los poetas y los grandes políticos.

Siempre los juegos terminan en llanto, y alguien tiene que advertírnoslo para evitar papelones.

Los lamentos de un señorón arrastrando la mochila y envuelto en serpentinas, a la espera de un consuelo, al menos a mí, me dan verguenza. "

1 comentario:

Magenta dijo...

Estoy probando como funciona la cosa... si quieres después editas esta entrada y pones otra nueva ;)
Ojalá te guste como quedó.
TQM:

"Epopeya del Olvido, Pablo de Rokha, La Película"

 

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